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miércoles, 15 de noviembre de 2017

GERARDO LÓPEZ - EL INDIO MUERTO

Varias zambas norteñas evocan los rasgos o las particularidades de la cultura indígena, algunas rescatando anónimas historias como la genial pieza que compuso Gerardo López, cuando aún no existían "Los Fronterizos'', nacidos en 1953. La zamba fue titulada "EL INDIO MUERTO'', una belleza tanto en su letra como en sus acordes, llegando al pináculo expansivo radial durante las décadas del "50 y "60, para luego transformase en uno de los tantos clásicos del folclore argentino.

Según relatos del mismo Gerardo López esta zamba él la cantaba siendo un muchacho, en tertulias familiares, de manera íntima, sin mayor difusión. Su letra cuenta la historia verídica de un indio longevo que vivía en el paraje salteño de Anta y que fue recopilada por un sacerdote de la orden salesiana. La historia llegó a los oídos de Gerardo y con esa habilidad artística que poseía, le dio forma de zamba-poema, si cabe esta expresión. Indudablemente hubo un indio que recitaba poemas -lo que prueba que este género literario es culturalmente universal- referidos a las tradiciones de su tribu, llegando a ser una suerte de referente en su ancestral raza. Murió con muchos años y su desaparición causó mucha tristeza en sus pares. Su historia fue conocida por un sacerdote misionero, quien impactado por su vida la incorporó a su memoria.

Su primera estrofa hace referencia metafóricamente al impacto que provocó su muerte en el paisaje lugareño, expresando que: "El cielo se esta enlutando de opaco poncho de nubes...''. Para luego expresar que "el día murió de lejos, lo están velando arreboles (...) con ecos "del canto del chilicote...''. Arreboles es el color rojo que suelen tomar las nubes al anochecer o el amanecer, y que se advierte espléndidamente en el cielo de las zonas rurales. Por otro lado el chilicote -palabra de origen quechua- es nuestro conocido grillo, aquel que se escucha con tanta persistencia cuando va muriendo la tarde en el campo. A posterior, el estribillo reza de esta manera: "Se ha muerto el indio poeta, silencio le hacen los erkes, y en los arroyos de Anta lloran los sauces su muerte...''. Nuevamente el poeta apela a la naturaleza, señalando los sauces llamados precisamente "llorones'' fusionándolos con un instrumento musical llamado erke, el cual pertenece al grupo de los aerófonos típico de la cultura andina, que emite una especie de lamentación o llorisquear, y es utilizado en "tiempos rituales''.

Prof. Edmundo Jorge Delgado


El Negro en unos fragmentos de "El indio muerto"




Primera grabación de audio de esta zamba por parte de Los Fronterizos








jueves, 19 de octubre de 2017

ATAHUALPA YUPANQUI - DUERME NEGRITO

DUERME NEGRITO es una popular canción de cuna,​con acordes folclóricos argentinos, que fue interpretada por Atahualpa Yupanqui y posteriormente versionada por diferentes artistas, entre los que se destaca Mercedes Sosa.​

Según Yupanqui, su origen se remonta a la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia, donde se la cantaban a los niños cuando los padres se iban a trabajar a los cafetales. En vez de decirles que viene el coco o el hombre del saco les cantaban que viene el hombre blanco. De hecho, muchos adultos, en Latinoamérica, recuerdan que cuando niños se las cantaban los padres. No hace falta que les cuente más porque Atahualpa Yupanqui explica perfectamente la historia de la canción en el siguiente vídeo.

Además de éstos, otros grandes intérpretes han versionado el tema. Entre ellos, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y Víctor Jara.

Gabo Ferro nos analiza esta prodigiosa canción:

Para mí, se trata de una canción perfecta, una canción de cuna, como el acto de dar la teta hecho canción; crea un lugar íntimo, privado, casi secreto de la madre o el padre con el niño, no necesita más. Su economía de recursos impresiona: no precisa instrumentos; alcanza con la voz, cantando bajito, para crear un momento casi epifánico. A su vez, en este caso, la música tiene una rítmica mayor al propio ritmo logrado por el uso de onomatopeyas, ese “¡zas!”, esos “chiquipún-chiquipún”, recursos raros en este género, pero que le dan un anclaje preciso: es una canción que no podría venir de muchas otras partes del mundo.

La letra me alucina. Ahí están la persona que enuncia, aquella a la cual se remite y la persona a la cual se dirige la canción. La que enuncia podría existir o no; suponemos que es otra mujer que está guardando al negrito mientras la madre está ocupada trabajando, trabajando y trabajando. Sabemos que la madre está trabajando la tierra de otro para otro, sabemos que está sola, que es viuda, que está enferma y lejos. Sabemos que no le pagan, pero que de alguna forma va a traerle al niño frutas, cerdo, codornices; le va a traer manjares, regalos como una reina maga visitando a su propio santito. La situación de esta mujer que debe irse lejos de la casa para poder mantenerse y alimentar a su hijo es dramática, pero en la canción no hay espacio para la tragedia decorada sino que se mantiene siempre simple, sencilla. Y ahí reside en parte su genialidad: dentro de esa cáscara de simpleza, de su melodía sencilla y de su aparente austeridad de recursos, “Duerme, duerme, negrito” dice muchas cosas. En unos cuantos versos toca tres cuestiones que comenzaron a tratarse simultáneamente en el cruce de estos últimos dos siglos: raza, clase y género. La clase, en la pobreza de esa mujer que trabaja explotada en el campo. El género, porque son –en apariencia– dos mujeres las que se ocupan del niño. El hombre adulto queda colocado en el lugar del mal, el diablo como hombre maduro, blanco y caníbal: “Te va a comer la patita”, amenaza dulcemente quien le canta al niño. El hombre blanco comerá la patita del negro si no cae dormido. Esa capacidad para decir tanto con tan poco: ésa es la gran gema de la canción. Letra y música en consonancia con el escenario al que remite y con la historia que cuenta. Es lo que tengo como modelo, lo que me gusta laburar en mis canciones, mi deseo. Como artista sería un gil si no aspirara a escribir cosas tan bellas como ésta. No recuerdo haber escuchado la canción cuando era chiquito. Cuando empecé a aprender guitarra me enseñaron a cantar y a tocar con otras canciones, con el folklore más tradicional, con el Yupanqui de “Luna tucumana”. Creo que conocí “Duerme, duerme, negrito” cuando estaba en la escuela secundaria y fue impresionante para mí desde entonces. Pero fue después de haber escuchado y leído otras cosas, en especial después de haber estudiado Historia y de ponerme a trabajar con mis propias canciones, que empecé a pensar en ella cada vez más. Aparecía sola, sin buscarla o buscando otras canciones para crear las mías, buscando referencias, modelos a seguir o a comparar, precedentes para, en definitiva, sentirme en compañía. “Duerme, duerme, negrito” marcó un momento importante para mí como músico. Nunca le hice un trabajo sesudo, ni la convertí en un solemne objeto de estudio: simplemente la disfruto, la pienso, la canto. Me gusta pensarla y mientras más la pienso, más me gusta. Y la vuelvo a pensar ahora y me quedo colgado en detalles como el de la voz de quien la dice, en quién será o si acaso, tal vez, no haya existido nunca. Si no será, simplemente, una narración y al negrito no lo está cuidando nadie, está solo y sólo ha sido nombrado por un diminutivo amoroso que remite al color de su piel y no por su nombre propio.

El hecho de que la canción también sea anónima es hoy un gesto elocuente. En general son los nombres y no la música los que hacen y venden los discos o disponen y ponen en las radios. Darle luz al anónimo es un gesto que corresponde y tira una señal para detenerse a pensar hoy la figura del autor y la industria.

Si nunca me animé a hacer mi propia versión de “Duerme, duerme, negrito” es probablemente porque no se me ocurre que pueda aportarle nada a este tesoro: es una canción que se luce sola y no necesita divulgación. No siento que pueda ofrecerle nada hoy; tal vez cuando sea padre, pero no ahora mismo. Mientras tanto, cada vez que la escucho de nuevo y la canto para mí –yo soy mi propio negrito– se revelan frecuencias que me conmueven; temas como el lugar del hijo, la maternidad y la paternidad tocan fibras atávicas que se corresponden con la especie, con lo que fuimos y desconocemos que aún somos. Imagino que probablemente la canción de cuna pudo haber sido uno de los primeros géneros que creó el hombre cuando descubrió cantar. Tenemos registro de cuándo y dónde nació la ópera, pero no de cuándo y dónde nació la canción de cuna. Imagino a un ser humano –o hasta un homo anterior– hace miles de años cantándole a su crío para paliarle un dolor o para distraer el hambre. Pienso en cuál habrá sido el primer gesto de nuestra primera canción e imagino una melodía relacionada con la contemplación, con la belleza, la muerte, el eros; una de amor, una de guerra y una canción de cuna.




LOS CANTORES DEL ALBA - LAMENTO MATACO

“Mas cantores” es un disco que fue grabado en el año 1967 para el sello de Polydor por Los Cantores del Alba, con un contenido plenamente folklorico, fue grabado en pleno auge del conjunto, siendo luego galardonado con disco de oro gracias al tema “LAMENTO MATACO”, aire de bailecito. La letra es de Félix Octavio Polanco y Javier Pantaleón, y la musica de Horacio Aguirre y Gilberto Vaca. Una vez en una actuación escuché a Daniel Campos comentar que el disco “Mas cantores”, gracias al tema “Lamento mataco”, obtuvo un disco de oro en Hamburgo (Alemania). También había leído una vez que Félix Octavio Polanco estuvo detenido en la cárcel y en ese momento le cedió la autoría del tema a Los Cantores del Alba.

Esta historia del tema “Lamento mataco” fue narrada por Hugo Alarcon en el Teatro Griego de Cordoba:
En Salta hay dos ríos importantes que después van al Río Paraná, esos rios son El Bermejo y El Pilcomayo. Para cruzar esos ríos de selva se necesita una canoa que la fabrican los indios que habitan esa zona: los “Matacos” y los “Chaguancos”. Felix Polanco, Gilberto Vaca, Javier Pantaleon y Horacio Aguirre observaron una vez por la zona de Tartagal, que es una zona fronteriza de la Argentina, como un indio cruzaba el Rio Bermejo y sobre su canoa llevaba a su amada que había muerto, entonces recogieron esta historia y compusieron el tema “Lamento mataco”.

Les dejo esta grabación en vivo de este tema, realizada por el grupo que en la ocasión, estaba formado por Campos, Aguirre, Brizuela y Martínez.





viernes, 22 de septiembre de 2017

RALY BARRIONUEVO - ZAMBA Y ACUARELA

Se trata de uno de los jóvenes que agarró la bandera del folclore moderno. Raly Barrionuevo fue el autor de esta hermosa zamba y la llevó como punta de lanza desde su creación. Sobre ella cuenta:

"Si te pasan cosas muy intensas, después de una fuerte tormenta llegan cosas buenas, porque así sucede naturalmente con la Tierra y así pasa con nosotros también. Creo que todas las canciones son de amor a distintas cosas: el amor a la justicia, a alguien que uno quiere, a su tierra, a la gente en general, al camino. El amor siempre es el motor de las cosas, pero bueno, yo no soy de escribir sobre cuestiones románticas. Escribí "Zamba y acuarela" cuando era más chico. Hoy nunca podría escribir “quiero hacerte el amor en las mañanas de Santiago”, pero la canto porque habla de cuando tenía 19 años. Hoy no haría eso, ni un montón de otras cosas. Pero una cosa es la canción de amor y otra son las canciones románticas. Algunas canciones están más ligadas al deseo que al amor mismo; y son cosas muy distintas, el deseo de acostarte con alguien no tiene que ver precisamente con el amor. Para mí "Ey paisano" o "Chacarera del exilio" son canciones de amor. Esa es mi manera de ver el amor: desde lo colectivo. El amor tiene que ver con tratar de ser consciente del contexto en el cual uno vive, con que no te pasen por alto los dolores de la gente."


Raly Barrionuevo - Zamba y Acuarela